22.5.12

Entrevista a Tony Sandoval

Este autor plática sobre su novela gráfica El Cadáver y el Sofá (publicada por Caligrama), realizada por Jiro Suzuri para el periódico El Financiero del viernes 13 de abril de 2007, donde habla de cómo surgió la idea de realizarla, influencias, entre otros puntos.

Los corazones rotos de Tony Sandoval.

Un sofá desde el cual contemplar el fin.

La entrevista con el ilustrador e historietista sonorense Tony Sandoval (Ciudad Obregón, 1973) transcurre —con unos cafés de por medio— a escasos pasos del cruce de la calles La Quebrada y La Quemada. Lugar más que propicio para charlar sobre su más reciente obra, El Cadáver y el Sofá (Caligrama Editores, 2006), que narra la historia de un par de corazones rotos, un cadáver en llamas y el misterio que los une.

El Cadáver y el Sofá —explica Tony Sandoval— surgió como una idea loca mientras ilustraba libros infantiles. Tenía la duda de cómo sería un cómic dibujado con niños cabezones y bonitos, muy infantil pero que hablara de cosas fuertes, como la muerte y el sexo”.

En sus historietas —incluida ésta— subyace un gusto por lo mórbido y lo monstruoso que sorprende en vista de su afabilidad y su sonrisa fácil. ¿Cómo conciliar esta aparente contradicción? 

Esa pregunta me la hacen mucho. Y no sé cómo responderla... Hace poco platicando con una amiga que me preguntaba más o menos lo mismo (“¿De dónde sacas toda esa maldad?”), pensé que quizás se debiera a que de chavito hojeaba enciclopedias donde veía imágenes del fin del mundo, apocalípticas, pintadas por El Bosco o Brueghel, y me encantaban. Primeramente me llamaron la atención los caballos y los guerreros, pero después me atrajo esa oscuridad, en más de un sentido, de la Edad Media.

Dados los elementos que eligió para componer su relato, no son de extrañar los momentos de angustia. Sin embargo, las circunstancias de la muerte del niño Christian resultan particularmente espeluznantes. ¿No sintió escalofrío al dibujarlas? 

Mientras estaba dibujando tenía la boca abierta, así [gesto de incredulidad]. Cuando dibujo hago gestos y muevo mucho las piernas. Me emociono. Así fue en el caso de esta escena. Muchas de las cosas que dibujé ocurrieron realmente: un chico de mi pueblo amaneció muerto en su casa, a dos cuadras de la mía y en circunstancias similares a las descritas en mi relato. Yo lo conocía de paso, no era cuate mío, pero aún así inconscientemente me afectó. 

¿Cómo es que algo así sucede? Creo que soy un personaje más de la historia que nunca sale dibujado en el libro. Incluso los paisajes son de mi pueblo en Sonora. Tengo fotos de cuando íbamos en el colectivo a la ciudad, y en ellas me basé. Planicies hasta donde alcanza la vista, uno que otro arbolito y postes sosteniendo cables eléctricos. Si alguna vez vas a Esperanza, que se llama el pueblo, verás el parecido.

Originalmente planeado como una historieta de alrededor de quince páginas, El Cadáver y el Sofá creció inesperadamente: “Mi idea inicial era dibujar los sábados un cómic cortito —continúa Sandoval—, porque cuando se me ocurrió la idea de El Cadáver... tenía mucho trabajo. Cada sábado me ponía a dibujar y a experimentar con las páginas. Cuando me di cuenta, ya llevaba más de veinte. Creo que tardé dos años en terminarlo, trabajando esporádicamente porque a veces lo olvidaba hasta por meses.

¿Cómo fue el proceso de construcción de la historia a lo largo de esos dos años?

Mi forma de trabajar parte de una idea, cualquiera, aunque no vaya a ningún lado. La continúo. Que crezca como la ramita de una planta. Cuando veo que va en cierta dirección le empiezo a dar forma, aun sin saber cómo acabará. La dejo, la dejo. Conforme avanza decido cómo, al final, resolver las cosas que dejé atrás. Cuando me contactó la editorial para publicar el libro, todavía no sabía cómo iba a acabarlo. La intuición y la improvisación son muy importantes para mí.

Las preferencias temáticas de Tony Sandoval encuentran en su particular estilo visual el complemento perfecto. Matices luminosos que presagian oscuridades purpúreas, reflejo emocional del drama. Un estilo amigable que no duda en morder la yugular. 

En la presentación de su obra, se dijo que la belleza de su arte radicaba en que parecía un error de la naturaleza, y a usted, como historietista, se le calificó afectuosamente de bicho raro. ¿Comparte esa opinión? 

Se me hizo atinada. Cada quien es resultado de muchas circunstancias y por lo tanto único. Y lo mismo pasa con el artista. A mí personalmente me gusta el accidente, trabajo mucho con él. Soy muy inquieto y me gusta experimentar. Me siento un bicho propio y definitivamente son los bichos raros los que más me gustan.

El hecho de elegir la historieta como su forma de expresión es ya en sí un poco raro. ¿Qué es lo que más le satisface de este medio? 

La narrativa. Poder contar: eso es lo que más me gusta. Y que además puedo contar de la manera que prefiera, con los personajes que yo quiera, a color o en blanco y negro, de la forma más rústica posible si así lo deseo. Como historietista me basta con tomar cuaderno y pluma para comunicar con la misma intensidad que la de una película, y vaya que la diferencia de recursos necesarios es abismal entre ambos medios. La historieta puede ser muy austera en muchos aspectos, pero no impide comunicar intensamente una idea o un sentimiento.

¿Le preocupa que un niño acompañado por su madre abra el libro, atraído por sus ilustraciones, y se topen ambos con ese despertar adolescente a la sexualidad? 

Ja-ja ¡Mi libro es muy peligroso! Quizás debimos haberle puesto una leyenda advirtiendo que su lectura es sólo para adultos o para niños de amplio criterio. Yo respeto lo que cada quien deje leer a sus hijos. Para mí lo fuerte de la historia es la violencia, no tanto que se vean chichis o pitos. Pero vaya que hay de criterios a criterios.

¿Cree usted que sobrevivir a un corazón roto es un paso importante para dejar de ser un niño y convertirse en adulto? 

Sí, cómo no. A mí me lo han roto varias veces. Maduras, pasas a otras cosas y en adelante te sientes distinto. 
 

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