29.8.14

Entrevista a Rius en Emeequis 334


En el nuevo número de la revista se publica el trabajo del reportero Guillermo Rivera a Eduardo del Río sobre su 80 aniversario, donde hablan de censura, la Iglesia Católica, la educación en México, vegetarianismo, y su labor en la caricatura política. 
"Después de sufrir con Los Supermachos, conocí editores que compartían mi manera de pensar y estaban dispuestos a financiar a Los Agachados sin hacer ningún tipo de censura"                                                             
    - Rius

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Estamos condenados 

a vivir con el PRI”

Al cumplir 80 años, Rius prefiere rehuir a homenajes y entrevistas. Nunca ha sido su intención ser figura pública, pero ya se resignó a la fama: para celebrar su natalicio y 60 años de monero, el Museo del Estanquillo exhibe más de 200 dibujos y fotografías del autor de las históricas tiras de Los Supermachos y Los Agachados.

Ateo, vegetariano y de izquierda, Rius se siente harto de los políticos. Quisiera olvidarse de todo, no puede. Prefiere dibujar monos. Alguna sonrisa provocarán. “¿Qué caso tiene escribir otro libro si no es con humor?”, se pregunta. Pero no tiene ánimo ni fuerza para tocar un nuevo tema. La muerte, confiesa, será una bendición cuando se aburra de vivir..

Está muy solicitado por sus 80 años, pero a usted no le gustan los homenajes ni las entrevistas.

Le huyo mucho a la fama, desgraciadamente. Pero llega el momento en que uno no puede escapar a esas cosas. Te conviertes en figura pública. No es mi intención. La mera verdad, sí le doy la vuelta a las entrevistas. Pienso que ya no me hacen falta. No es plan de pose, pero creo que mi trabajo se conoce, y no acepto más homenajes que los mejores: que la gente te lea, te tome en cuenta, que tus libros sean aceptados.

En su último libro, Mis confusiones, revela que antes de morir, su mamá le confesó que usted fue un hijo no deseado.
 
Vivimos bajo esta sociedad que impone determinadas normas de conducta o leyes morales, casi todas de origen religioso. Uno de los mitos que nos han encajado es el amor maternal, o el amor eterno, el cual no existe. O la veneración a la madre al menos un día al año. Todo va encaminado a reforzar la sociedad de consumo, a hacernos creer que el afecto que uno tiene a los demás debe manifestarse comprando algo. El afecto no se compra: se entrega. Pero se educa a la gente para que el objetivo de su vida sea ganar dinero. ¿Para qué? Para gastarlo en porquería y media. Es muy difícil escapar a todo eso. Yo siempre he estado en contra de la sociedad. Me considero un ser antisocial. Siempre he intentado cambiarla un poquito, con muy poco éxito, evidentemente (ríe).

Toda mi vida he sido ateo, vegetariano y de izquierda. Quienes vivimos así e intentamos cambiar un poco las cosas, somos minoría. Me curo con homeopatía, por ejemplo. Acabas convirtiéndote es una especie de gente rara. La sociedad se pregunta por qué no comes carne y no vas a la iglesia. Es difícil. Pero si logras imponerte, encuentras un poco de felicidad.

Usted se preparó para ser sacerdote. Creció en una familia católica. ¿En qué momento cambió el rumbo?

Soy muy escéptico. En las religiones, hay que tener fe. Y eso no es para alguien que quiere averiguar a como dé lugar el porqué de todo, en qué consisten los misterios de la Iglesia, cómo está eso del Espíritu Santo, por qué la Virgen María dejó de ser virgen sin la intervención de un varón. La respuesta era: “Debes creer, esa es la fe. Si no tienes, no sirves para cura. Tienes que convencer a otros de que tengan fe, ¿cómo le vas a hacer?”. Uf, con ese argumento irrebatible me corrieron del seminario. Me puse a hacer otras cosas. No sé a quién le fue mejor, si a mí o a la Iglesia.

Es autodidacta. ¿Funciona el sistema educativo en México?

La finalidad de la educación es que los niños no estén moliendo en la casa. En México, los sistemas no funcionan para educar a la gente, sino para adoctrinarla y saturarla de datos, leyes, números, cifras, la lista de los 10 ríos de América. Cuando comenzamos a trabajar y a buscar la papa, no nos sirve para nada. Lo que nos enseñan sobre matemáticas, por ejemplo, no lo he puesto en práctica en toda mi vida, salvo las cuatro operaciones básicas.

Hay que cambiar el sistema educativo. No necesitamos una reforma, sino una revolución educativa. Que no se vea al niño como una botellita que hay que llenar de cosas inútiles, sino como una lámpara que hay que iluminar de creatividad para que se desarrolle como ser humano. Los métodos de enseñanza, incluso en la preparatoria y universidad, vienen del siglo XVIII o XIX, cuando bien nos va. Esa situación no cambia, al gobierno no le interesa tener personas educadas que lo cuestionen.

Tengo una tesis medio arriesgada: los que creen en Dios, creen en todo lo que se les diga. Pocos cuestionan si existe ese ser o no. Lo aceptamos como una herencia de nuestros padres, que se remonta desde quién sabe cuántos siglos atrás.

¿Usted está libre de toda idea divina?

Me di cuenta de que quienes inventamos a los dioses somos nosotros. Carl Sagan llegó a contar más de 50 mil dioses y diosas que ha creado la humanidad en su historia. ¿Qué necesidad hay de creer en un dios? Yo creo en mí, en mis compañeros que viven en esta Tierra, en el prójimo. Llevo cierta ideología cristiana: no hacer el mal, ayudar en lo que se pueda. No me hace falta practicar una religión. Llevar una buena conducta, tener un trabajo con el que pueda aportar algo a la gente, con eso me basta. No creo que haya otra vida, ni cielo ni infierno.

La Iglesia católica sigue interfiriendo en los asuntos públicos, aunque hay estudios que muestran que ha perdido credibilidad.

Ha perdido muchísima clientela. Alguien dijo que los papas llenan estadios, pero no iglesias. Los creyentes no lo quieren aceptar. Dicen: “Sigo siendo católico, todavía creo en la Virgencita de Guadalupe”. Pero es una posición de comodidad, para no tener que pensar en nada y concluir que, cuando mueran, a lo mejor van al cielo. No es una religión que ponga a la gente a razonar… ninguna religión lo hace. Lo bueno sería que los católicos se convirtieran en cristianos. El verdadero cristianismo no se practica. Quizá lo hacen algunos monjes que llevan una vida de sacrificios, pretendidamente, y se dedican a hacer el bien sin buscar compensaciones económicas.

Desde que la Iglesia es un poder, se volvió una monarquía. El Vaticano es la única monarquía absolutista en el mundo. Los papas no comparten el poder. No son como otras monarquías, la británica, la española, que se lo dividen con el gobierno y las cámaras. La Iglesia, el ejército y la banca gobiernan. Nomás nos toman en cuenta cuando hay que votar.

Usted vivió de cerca la censura por sus cartones. ¿Qué cambios ve hoy?

La censura existe y seguirá existiendo. Por regla general, en México los periódicos tienen un dueño, un consejo, que cuida sus intereses. Cuando éstos están en peligro, ejercen la censura. La clave y suerte para mí fue encontrar periódicos o revistas donde me permitieron decir lo que quería. Después de sufrir con Los supermachos, conocí editores que compartían mi manera de pensar y estaban dispuestos a financiar a Los agachados sin hacer ningún tipo de censura. Pero la mayoría de los diarios en México todavía no está en ese plan. Son propiedades de los millonarios. Les interesa el periodismo sólo como una forma de tener poder.

Quizá la censura por parte del gobierno ha bajado un poco. Después del 68, hubo cambios dentro de la prensa. Ahora se pueden hacer chistes sobre los presidentes, la Iglesia e incluso el ejército. En mis tiempos ¡uy, qué esperanza! Continúa la censura, pero es menor que hace 40, 50 años, cuando yo comencé. Por ese tiempo, más o menos, surgió un elemento que vino a transformar la vida de sociedad: la televisión. Hoy, la tele te dice cómo vivir, qué comer. Una verdadera Secretaría de Educación Pública.

¿Internet podría desplazar a la televisión?

No creo. Antes se decía que los libros iban a desaparecer por la llegada de los periódicos o los libros electrónicos. La televisión va a continuar. Ojalá desapareciera, junto con la Iglesia, pero es un sueño guajiro.

No estoy relacionado con el internet. Tengo perfiles en redes sociales, un montón de sitios web, pero a veces ni me entero. Sé de uno que creó la editorial. Yo no sé hacerlo y no me interesa. Pero le tengo mucho respeto a internet. Sé que hay una fuerza que está ahí por surgir. Por otro lado, me da mucho miedo porque equivale a estar sentado toda la vida frente a un aparato y acaba uno con las pompas de mandril. Prefiero leer en vez de estar frente a la televisión, computadora, ípads… aipads o como se llamen. Es un mundo extraño para mí, llegué un poco tarde y no me ha acabado de interesar.

¿Qué necesita internet para convertirse en una fuerza real?

Le tengo cierta esperanza porque se están organizando redes civiles. Ciudadanos están dando sus opiniones por ese medio. Sí, algo le falta. Tarde o temprano, los gobernantes van a controlarlo: ya se dieron cuenta de su poder. En algunos países ya sucede. En el futuro, de veras, no veo claramente cómo se puede cambiar una sociedad, un gobierno o un sistema. No hallo cómo. Antes, se hablaba de la lucha armada, ya descartada. O la lucha por obtener los votos en las urnas. Los partidos serios, que no los veo por ningún lado, ¿cómo van a hacerse del poder ante las prácticas que inventa el PRI? No hay una tercera opción. Estamos condenados a vivir eternamente con el PRI.

Si escribiera El regreso del PRI para principiantes, ¿qué diría la primera línea?

¡Uf! Alguna vez escribí el libro Santo PRI líbranos del PAN, donde la hice de profeta. Dije que el PRI iba a regresar si hacía todas las trampas que por 40 años hemos visto. Estaba decidido: el PAN no representa nada para la gente, la dizque izquierda de México no está organizada y no tiene la fuerza ni el poder de convencimiento. Era natural ese regreso. Aunque nunca se fue, ahí seguía con quién sabe cuántas gubernaturas y legisladores. Yo soy muy pesimista en este aspecto. No creo que tengamos un futuro color de rosa.

En los pasados Centenario y Bicentenario usted habló de las mentiras en la historia de México. ¿Cuál es la primera, por su grado de falsedad, que viene a su mente?

La Independencia. ¿Quiénes son los héroes de la Independencia? Hidalgo, Morelos, Allende, Guerrero. ¡Fracasaron! Todos fracasaron. También está la mentira de la Revolución. Todo es una falsificación de los poderosos. Y siempre vamos a estar así. Está demostrado que las revoluciones no triunfan. Ninguna ha cambiado algo. Ni la soviética, ni la china, o la cubana, la francesa, la de Estados Unidos. Y menos la mexicana. No hay revolución que nos hable de un camino a seguir. Yo, por ejemplo, admiro a Lázaro Cárdenas, pero después de él, a la fecha, no veo a nadie igual.

En el 88, ¿qué pasó? Cuauhtémoc Cárdenas ganó las elecciones, pero no lo reconocieron. Cuando Felipe Calderón subió, fue por un fraude tremendo. A Lázaro Cárdenas no lo eligió la gente. Lo asignó Calles, pensando que iba a ser tan fiel como los presidentes anteriores. Quizá la única, digamos elección democrática, fue la de Francisco I. Madero, pero en ese tiempo muy pocos votaban porque casi nadie leía. La gente estaba acostumbrada a don Porfirio. Benito Juárez, ¿cuántas veces se hizo reelegir? Y es el héroe por excelencia. No existen momentos de democracia. No somos un país completamente civilizado o que esté en desarrollo. Estamos en la calle.

¿Andrés Manuel López Obrador debe buscar una tercera candidatura presidencial?

No. Este intento de hacer otro partido político no me dice nada porque es otra vez hacerles el juego a todos los partiditos. No necesitamos otro, y menos con la misma gente de siempre. Hay que cambiar. Aunque no sé por dónde se puede empezar. Le tengo confianza y admiro a López Obrador. Lo he tratado un poco, pero siento que no es el camino que debemos llevar ahora. No puedo aconsejarle qué hacer. No me gusta criticar. Es bonito hacerlo, pero en cuestión de soluciones, no las tengo.

¿Estamos condenados a la desgracia?
Nacimos para perder, como decía Carlos Monsiváis. Él estuvo muy deprimido el último periodo de su vida porque vio la realidad. A los humoristas nos acusan de que somos muy pesimistas, pero es que no trabajamos con la ilusión o la esperanza. México está hundido en muchos aspectos. Pero, al mismo tiempo, uno dice: “Hay que seguir haciendo la lucha”. Lo más fácil es mandar todo a la fregada, que se las arreglen como puedan. Como seres humanos, tenemos la necesidad de seguir dando batalla, aunque sabemos que nunca vamos a ganar. Ni nuestros hijos van a ver los cambios. ¡Ya me puse muy serio!

Ser vegetariano es una de sus mayores satisfacciones personales.

Soy vegetariano, pero nunca me ha gustado la ortodoxia. A veces como pescado, cuando sé que está en buenas condiciones. Al pollo lo he dejado de lado, cada vez está peor, con eso de que le ponen hormonas y quién sabe cuántas cosas. He tratado de educar a mi familia en ese aspecto, convertirlos, lo más que se pueda, en vegetarianos. Lo veo como una especie de cruzadita. Me he dado cuenta de que se puede vivir mejor sin comer carne.

Una de las cosas que más gusto me da es haber llegado a los 80 en buenas condiciones. Más o menos. No se puede esperar demasiado. Trato de que la gente se dé cuenta de este problemón de la obesidad. No he conocido todavía a obesos vegetarianos.

Aunque no lo quieran reconocer, quienes cuidamos más al medio ambiente somos los vegetarianos. Producir un kilo de carme implica echar abajo quién sabe cuántos árboles. Si en esas zonas se sembrara soya, uf, habría alimento de sobra para la gente.

Es un problema complejo. No tiene razón de ser que se insista en comer algo que hace tanto daño. Es una cosa esquizofrénica. Deberíamos de seguir el ejemplo de otros países, como la India. Ahí no se come carne en absoluto, y no se puede decir que la gente se esté muriendo de hambre. Yo creo que hay más hambre en México.

Dicen que la carne es necesaria. Como te decía: cuando la gente cree en Dios, cree en todo lo demás: la Independencia, la soberanía, el PRI, Santa Claus, los tres Reyes Magos.

¿Cuál es la evolución de la caricatura política? ¿Ha perdido peso por la era digital?

No creo. Ahora se está haciendo muy buena caricatura en México. La mayoría de los caricaturistas no tiene encima la censura. Por otro lado, pienso que los criticados no tienen la necesidad de tomar en cuenta los mensajes. Hoy hay un periodismo más crítico, pero los gobernantes son más cínicos. Dicen que hay libertad de prensa, pero nadie hace caso a los señalamientos. Es una libertad de prensa incompleta. La función de la caricatura es mencionar lo que está mal hecho. Y la función del gobierno debería de ser tomar en cuenta al periodismo.

Antes, los caricaturistas teníamos fama de bohemios. Y era cierto, pero han cambiado las cosas. Ahora, es gente que pasó por las universidades, que participa políticamente, que sabe defender su trabajo. Tienen argumentos para hacerlo. Pero no hay resultados.

A lo mejor esperamos demasiado.

¿Quiénes son los relevos de la generación de Rius, Helio Flores, Naranjo?

Por el momento, los de La Jornada, que ya son dos generaciones, y quienes están surgiendo en El Chamuco. Es una profesión que, afortunadamente, no está en vías de desaparición.

Siempre hay locos que quieren hacer caricaturas para intentar cambiar un poquito las cosas. Jis y Trino, por ejemplo, andan en otra onda. No se han metido mucho en política. Son muy desmadrosos. Han hecho muchísimo, sí, en una sociedad tan conservadora como Guadalajara. Tiene mucho mérito. Se burlan de los conservadores, los mochos, los de la bragueta persignada, como les decía Renato Leduc. Han hecho un trabajo muy importante: la libertad en el uso del lenguaje, el humor erótico, que no se había hecho en la caricatura en México.

Pero veo más apegados a la caricatura tradicional política a quienes primero mencioné. Cada quien tiene su manera de matar pulgas. A mí me gusta un humor más… ¿blanco? No sé, soy re malo para definir las cosas o para teorizar. Llega un momento en que el humor político es tan repetitivo. No cambian los pecados, cambian los pecadores.

No somos tan poderosos como quisiéramos. ¿Quién lo es? Si los cartonistas fuéramos tan peligrosos, seguro ya nos habrían fusilado a todos.

Después de publicar decenas de libros, ¿qué le falta escribir?

Sugiéremelo tú. No hallo. He tocado casi todo, tengo más de cien libros. Hay temas que podría abordar, pero no he encontrado la manera de manejarlos con humor. Te puedo dar algunos ejemplos: una historia de la literatura, o temas científicos, que son más serios. ¿En dónde meto el humor? Además, ya tengo 80 años. Ya no me siento con ánimos ni fuerzas para hacer más libros.

¿Le inquieta pensar en la muerte?

Tengo la ventaja de que trabajé varios años como telefonista en una funeraria. Ahí me familiaricé con la muerte. La veo como una… casi como una bendición. Es algo que nos puede rescatar de la rutina, de las tonterías y de todos los fracasos de la vida. Llega un momento es que uno ya no quiere seguir viviendo. ¿Para qué? ¿Para dar lástima? Soy partidario de la eutanasia. Cuando la gente no tiene la calidad de vida necesaria, que le permitan irse. Todos nacemos para morir. No le tengo miedo. La veo como una ayuda para cuando me aburra de vivir.

¿Qué le levanta el ánimo?

Ya he pasado por todas las penas y alegrías de la vida. Me sigue entusiasmando lo mismo. La buena música; soy fanático del jazz. Hacer un buen dibujo que cause risa a la gente. Un buen viaje para conocer más personas y lugares. Una película de Fellini. Un libro de Saramago. Ahora estoy leyendo muchísimo, a autores que no conocía. Son satisfacciones enormes. Todavía cuento con la posibilidad de disfrutar. Pero ya es menos. Busco otras satisfactores, más espirituales. Causa gusto ver una muchacha guapa, que esté buena. A veces fumo. No le hallo satisfacción a estar borracho, nunca he bebido mucho.

¿Sabes? Llegó un momento en que, por razones naturales, ya no me satisfacen tanto las cosas que son más físicas que espirituales. Ya estoy más allá del bien y del mal.

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